Workaway: nuestra experiencia en un refugio

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Una de nuestras primeras impresiones al llegar a Tailandia fue el estado de muchos perros en la calle. Es bastante triste, pero la situación de los animales dista mucho de ser la ideal en el sudeste asiático. Es por eso que buscamos colaborar con un refugio de animales cuando nos fue posible. A través de Workaway encontramos Pete´s Mission, un pequeño refugio de animales en Pai, Tailandia. Hoy queremos compartir contigo nuestra experiencia, para animaros a colaborar con ellos.

¿Qué es Pete’s Mission?

Pete’s Mission es una iniciativa privada de Ryan, un australiano que lleva ya unos años viviendo en Tailandia. Ryan vio la situación de los animales allí, y con pocos recursos, empezó a construir su refugio.

Refugio de animales en Tailandia
Pecan vive en el refugio con los voluntarios

Hablamos con él a través de Workaway, aunque también puedes encontrarlo en redes sociales como Facebook o Instagram. Quedamos en ir 10 días a primeros de septiembre, y tras disfrutar de Myanmar, iba a ser nuestro siguiente destino.

Nuestra experiencia

Nos vino a recoger hasta Pai (el refugio son dos casas con jardín a ambos lados a unos veinte minutos andando del pueblo). Dos noches antes de llegar, uno de los perros que cuidaba desapareció y al recibirnos, apenas había dormido. Los primeros días fueron complicados para nosotros, porque no encajamos, pero todo fue cambiando…

Además de esa situación complicada, sentimos que sobrábamos un poco. Éramos 6 voluntarios… y sólo había 12 perros, así que no había mucho que hacer.

Esto cambió con el paso de los días, cuando fuimos aprendiendo las rutinas y se marcharon voluntarios. Finalmente aprendimos todas las rutinas y junto a Kenji, el único voluntario que quedaba, disfrutamos de esos días.

Para el recuerdo nos quedará siempre la cama. Nos tocaba compartir habitación con él, lo cual no era ningún problema. El problema vino con la cama más dura en que hemos dormido jamás. ¿Nos impedía dormir? Para nada, pocas veces nos hemos despertado más descansados pero… ¡Dios que dura estaba!

Así que sí, se cumplió la máxima de que todos los comienzos son difíciles. Pese a todo, la experiencia valió mucho la pena y nos dejó muy buen sabor de boca.

Nuestras impresiones

Ryan siente verdadera devoción por los animales. A nosotros nos pareció que estaba más cerca de los animales que de las personas. Una tarde, Horacio lo acompañó en su moto con sidecar por el pueblo y fue increíble. Vivió como los perros lo veían y se meaban de la felicidad. Cuidaba de cada uno que no viese en las mejores condiciones, echaba un vistazo de los que había ayudado alguna vez.  Después de aquello nos dimos cuenta de que en Pai ningún animal estaría falto de cuidados…

Una de las cosas más increíbles fue cuando se encontró con un perro que había sufrido una herida en una pelea.  El perro, que era bastante grande, se puso a correr tras la moto tras haberlo reconocido. Incluso paramos y estuvimos un buen rato jugando con él. Nos contó la historia de cómo lo había ayudado y que ahora seguía sintiéndose agradecido.

La vida en el refugio era bastante humilde, cerca (más aun si usabas moto) había restaurantes a los que ir a comer por muy buen precio. Gran parte de las horas de trabajo era simplemente hacer compañía a los perros, y eso era genial.

Sobre los perros

En aquel momento Ryan cuidaba a tres perros tullidos, que no podía andar correctamente bien fuera por algún accidente o por malformaciones. Viéndolos sabíamos que de no ser por él, esos perros habrían muerto al poco de nacer… 

El grupo de perros principal, que se encontraba en los alrededores de la casa de Ryan era genial. Estaban un poco locos por la comida, pero una vez pasados esos ratos (que eran un espectáculo) eran perros muy cariñosos. Nosotros no nos llevamos a uno de ellos porque teníamos que continuar nuestro viaje, pero nos enamoramos….

En los alrededores de la casa de los voluntarios estaban los perros “especiales”. Peckan era la jefa del refugio, había hecho de aquella casa su hogar. Merkle y Mouse eran ya más viejos y tenían problemas de visión, pero eran tan tranquilos que no necesitaban ningún control.

En la cocina dormían Peanut y Cheewit, dos de los perros con discapacidad que siempre estaban deseando salir al campo a correr. ¡Ahora ya tienen unas sillas de rueda adaptadas! Hemos visto vídeos de ellos jugando con vacas y cabras en el prado, ¡geniales!

Mientras estuvimos allí vimos como se daba en adopción a Mickey. Era un pequeño perro que Ryan había encontrado muy enfermo y que en ese momento estaba perfecto. También ayudamos a curar las heridas de una pelea a Julio, otro perro de la calle. Apenas unos días después estaba sano para volver a Pai.

Perro en Tailandia
Khanom, otro de los perros del refugio

Conclusiones

“Pete´s Mission” era un refugio de animales porque Ryan  había rescatado a seis cerdos de una muerte segura. Tras rescatarlos, había comprado un pequeño terreno en que vivían libres y cuidados. Los cerdos quizá no sean tan amigos del hombre como los perros, pero son tan inteligentes como ellos y Ryan tenía una conexión muy grande con todos.

En esos días vimos lo mucho que se puede hacer con pocos medios y la voluntad de una persona. Nos llevamos la sensación de que algún día nosotros también querríamos, si nos fuese posible, hacer algo así en Myanmar.

¿Qué si nuestra primera experiencia en Workaway fue buena? Fue genial, fue un aprendizaje constante y la confirmación de que la web, el voluntariado y la conciencia hacia los animales son algunas de las cosas imprescindibles para hacer de este mundo, un mundo mejor.

Gracias Ryan, y gracias a Marie, Pecan, Mulberry, Sox, Benjii, Merkle, Mouse, Peanut, Kannon, Cheewit, King Richard y Sharky, nos enamoramos en pocos días de todos y siempre serán uno de los mejores recuerdos de nuestro primer viaje por Asia.

 

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