IBM y los nazis: las tarjetas perforadas

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El genocidio llevado a cabo por los nazis es tristemente conocido, pero algunas historias tras él no tanto. IBM, la mayor corporación americana de la época, colaboró activamente con Hitler. Las tarjetas perforadas y los nazis son una historia poco conocida que vale la pena contar.

Hilter escribió en su libro (Mi lucha, 1925) su intención de acabar con los judíos y demás pueblos que consideraba inferiores. Lo que es más sorprendente es que dos de los americanos más ricos del momento creían firmemente en esas teorías. Henry Ford, fundador de la empresa de coches Ford, y Thomas Watson, presidente de IBM, fueron filonazis.

Del primero Hitler trato de copiar la cadena de montaje, con el Volkswagen como máximo exponente. La historia que nos atañe tiene mucho que ver con el segundo.

IBM se convirtió en una multinacional de éxito gracias a su desarrollo de las tarjetas perforadas.


¿Que eran las tarjetas perforadas?

Antes de los ordenadores, las tarjetas perforadas fueron lo más parecido a ellos que Hitler pudo usar. Una tarjeta perforada era una cartulina del tamaño de un dólar que contenía información asociada a a sus agujeros. Una máquina (llamada Hollerith) leía los agujeros, que contenían información en binario, y los transcribía a datos concretos.

De este modo, una tarjeta perforada guardaba la fecha de nacimiento, la raza, la dirección o la profesión de una persona. Con esta herramienta, se consiguió el censo más exhaustivo hasta la fecha, otorgando a los nazis un conocimiento enorme de su población.

Estas tarjetas también se usaron para que los trenes fuesen más puntuales o para controlar la producción de armas. En definitiva, esta tecnología convirtió el tercer Reich en una maquinaria perfecta de guerra y asesinato.


¿Cómo fue usada esta tecnología para el exterminio?

Toda la población que se encontraba bajo dominio hitleriano fue contabilizada por las tarjetas perforadas. La Gestapo, la policía secreta alemana, pudo perseguir a los judíos con mayor efectividad que nunca, porque tenían toda la información que necesitaban.

Los homosexuales, los gitanos, los minusválidos, los comunistas, todos fueron etiquetados y perseguidos. De este modo, a pesar de encontrarse en guerra, los alemanes llevaron a cabo la conocida como “Solución Final”.

Los campos de concentración y exterminio usaron masivamente las tarjetas para controlar el flujo de presos que recibían. Posteriormente, las matanzas en cámaras de gas, los fusilamientos o las joyas robadas eran contabilizadas… de nuevo con las tarjetas.

De este modo, casi invisibles, las tarjetas perforadas fueron la sangre que alimentaba todo un sistema destinado a la guerra y el exterminio.

Pero como hemos dicho antes, las tarjetas perforadas eran propiedad de una empresa estadounidense. Desde 1941 los americanos estaban en guerra con Hitler, pero ya desde 1939, el gobierno de Washington impuso un bloqueo comercial a Hitler.


¿Cómo pudieron entonces seguir usando las máquinas y las tarjetas perforadas?

Para Watson e IBM, el dinero era lo más importante. Watson, que siempre admiró a Hitler, fue una figura controvertida. Fue la única persona que recibió una condecoración de los nazis y también de los estadounidenses, porque ante todo quiso el beneficio económico.

Hasta 1939, IBM proporciono a los nazis los equipos de tarjetas perforadas y la formación necesaria para usarlos. Una vez comenzadas las hostilidades, tuvieron que buscar alternativas para no perder un negocio que les daba mucho dinero.

Para ello se fundó Dehomag, una filial alemana de IBM, que trabajó con los nazis hasta el final de la guerra.

El proceso fue complejo, pero era tanto el dinero en juego que Watson no dejo pasar la oportunidad. Se creó una empresa pantalla en Suiza, a la que IBM enviaba todo el material. Esta empresa, a través de testaferros de IBM, vendía el material a Dehomag, para uso de los nazis.

Estos, una vez que la moneda alemana (el Reichmark) dejo de ser válida en EEUU, empezaron a pagar a Dehomag en oro. Este oro salía del expolio que los alemanes estaban llevando a cabo por toda la Europa ocupada. Una vez en Suiza, el oro era blanqueado a través de bancos, hasta que llegaba limpio a IBM.

Así las cosas, al mismo tiempo que colaboraba con su propio país, IBM obtenía jugosos rendimientos de vender su tecnología a Hitler. De este modo la compañía se convirtió en la empresa más valiosa del mundo al acabar las hostilidades. 


¿Qué llevo a IBM a colaborar con una ideología que acabo declarando la guerra a Estados Unidos?

En primera instancia fue el dinero, pero la cuestión personal también fue importante. Watson dirigía la empresa con mano de hierro y era un ferviente antisemita. Colaboró porque para él, el principal problema del mundo, el judaísmo internacional.

Así que no solo el dinero impulso a IBM a participar indirectamente en el Holocausto. Su presidente compartía muchas de las ideas de Hitler.


¿Te interesa saber mas sobre el tema?

Si quieres profundizar sobre esta historia, hace unos años se publicó un excelente libro sobre ella. IBM y el holocausto, de Edwin Black, narra muy detalladamente el proceso que siguieron los nazis durante su persecución de los judíos. La clave, para él, fue el uso de las tarjetas perforadas.

Si quieres conocer una experiencia personal de alguien que vivió el Holocausto, el libro “Si esto es un hombre”, de Primo Levi es excelente.

Máquina perforadora
Máquina perforadora Hollerith (Wikipedia)

 

 
 
Ejemplo de tarjeta perforada cómo las usadas por los equipos de IBM



 

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